Us recomano la lectura de l'article "La salud de la universidad", de Lluís Foix:
"Se puede tomar el pulso de una ciudad, una nación o un estado paseando por sus mercados, entrando en un hospital, utilizando el transporte público o visitando una escuela y una universidad. Así lo he hecho muchas veces.
En nuestro país los mercados, el transporte público y la sanidad son más que aceptables. Pero la educación no goza de buena salud ni en nuestra sociedad ni en las de nuestro entorno europeo y americano.
Me interesó mucho la conferencia-coloquio de Salvador Cardús en Tribuna Barcelona el pasado lunes, en la que no solamente hizo un exhaustivo diagnóstico de la Universidad en Catalunya sino que señaló los cinco retos necesarios para convertir la educación superior en el motor imprescindible para mirar el futuro con optimismo y superar la presente crisis y las que puedan venir.
El canciller Bismarck solía decir que un buen bachillerato, el Abitur es fundamental para el éxito personal y colectivo de un país. Muchos hemos experimentado la deuda contraída con la exigencia de los primeros maestros que nos enseñaron las cuatro cosas sobre la que hemos construido lo poco o mucho que sabemos.
Cardús pide hacer compatible el sistema público de educación superior con la excelencia en un país en el que la universidad se ha masificado y en el que de una generación de muchos padres iletrados hemos pasado a la de los hijos con titulación universitaria.
El segundo reto es promover el deber de estudiar en un ambiente en el que sólo parecen existir los derechos. Coincido con Cardús en que la victoria de Obama se debió en buena parte a un discurso en el que se ponía más énfasis en los deberes que en los derechos.
El nivel de absentismo en la Universidad es inquietante como lo es también la condescendencia hacia los estudiantes que con frecuencia desafían a la autoridad académica desde posiciones que representan a minorías. La irresponsabilidad también debería tener un precio.
La evaluación del profesorado es el tercer reto que sugiere Cardús, quizás el más complejo y el que más resistencia ofrece por parte del cuerpo docente. En la Universidad, como en las empresas y en cualquier otro orden de la vida, son necesarios los incentivos.
El cuarto reto es quién manda en la Universidad. En mis privilegiadas y asiduas conversaciones con Josep Maria Bricall, el rector por excelencia, me ha trasladado su sentido de la autoridad que no se impone sino que se desprende de la categoría académica, personal y moral de quien la ostenta.
Sostiene Cardús que la Universidad en Catalunya tiene la dimensión idónea en un mundo global. Es necesario un proyecto común para hacerla más competitiva y menos endogámica. Curiosamente, en la conferencia no ví a ninguna personalidad del govern ni tampoco a ningún rector universitario. Es una lástima que no asistieran. Se perdieron un buen diagnóstico. "






